No todos lo pueden ver, ni tampoco oler. No todos lo pueden ver, ni tampoco oler. Cada día el alba brilla las alas de las hadas, y surge el más rico aroma a vida, teñido de verde claro, verde oscuro y verde verde.
Un niño de ojos grandes y manos abiertas, corre por el pasto. Sus pasos son zigzagueantes, sus primeros pasos. ¡de millones pasos!
Un niño de ojos abiertos, grandes y de arco iris alado, recorre el pasto, juega a jugar. Da pasos de gigante, de primeros y suaves pasos, que vendrán millones más.
Cuenta el búho que por la noche las luciérnagas brillan con mayor fulgor cuando se enamoran, y danzan al son de la canción de las ramas y troncos, al son del sazón.
Este búho con gruesos anteojos -corto de vista y de genio- cuenta que las luciérnagas juegan y no lo dejan dormir, por eso todas las noches no parpadea siquiera, y sus ojos grandes amarillos parecen dos faros alumbrando el camino de cartón.
Las hadas!, el búho... los árboles, el viento...
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